Idiomas

En el Principado se hablan muchas lenguas y dialectos. Aparte del español, el francés, el alemán y el italiano, existen dos lenguas principales autóctonas: el menderek y el arberiano. También se habla, minoritariamente, en el cantón de Transvalia, el transi de los Valles.

El arberiano fue inventado en el siglo XII por un monje llamado Vadili Barreri, con el proposito de facilitar las comunicaciones entre los torpes habitantes multilingües del gran ducado de Arberia, zona de orografía poderosa. Para ello, simplificó el sistema lingüístico del latín al máximo, creando una lengua sintética fácil de aprender, incluso para un extranjero.

El arberiano clásico tiene dos variantes principales el nordu, más próximo al original, y el castalian, o lengua de Castalia, cantón hegemónico del principado, muy influido por el francés y el español. No hay que olvidar que durante la Edad Moderna, el Principado de Arberia perteneció a la Corona española y que también sufrió invasiones francesas y bávaras. Actualmente, ambas lenguas sufren la influencia del inglés y también del español, que aún continúa teniendo cierta preponderancia en el país. Otra variante es el Montiano, del sur, cuya característica principal es su fonética, similar a la francesa.

El Menderek o Rumeliak, idioma extrañísimo cuyo origen se remonta a la noche de los tiempos, cuando el  mundo era joven y Adán y Eva conversaban sin problemas con las serpientes (teoría que es coherente con la idea, comúnmente aceptada, de que Arberia es el Edén redivivo) es la lengua nativa de Mende. Pocas almas en el valle pueden presumir, sin embargo, de entenderlo, pues se trata de un galimatías de mucho cuidado con no sé cuántas declinaciones y tropecientos casos, tres formas de presente, diez de pasado, trece de futuro y cinco condicionales, amén de una cantidad  inhumana de verbos irregulares. Los partidos nacionalistas de Rumelia han logrado, tras una enconada lucha, que la lengua autóctona sea de obligado uso y conocimiento para los censados en el cantón. Pero a pesar de sus esfuerzos, los nativos sólo utilizan el menderek para importunar a los forasteros, afición a la que los arberianos, en general, y los mendeanos, en particular, son muy dados. Por motivos históricos, en cada uno de los cinco cantones del Principado (Rumelia-Mende, Castalia, Silvaner, Schwartzland y Transvalia) se habla mayoritariamente una lengua distinta (el español, el francés, el alemán y el italiano). Así pues, no es de extrañar que el arberiano, esté en boca de todos como lingua franca. Pese a ello, las querellas lingüísticas son frecuentes en la pequeña babel centroeuropea. Hablar el arberiano delante de según qué fanáticos del Valle, puede acarrear nefastas consecuencias, desde botellazos en la frente a una patada en la entrepierna. Los nacionalistas defienden  a ultranza el lema “una raza, un idioma” o mejor dicho: “frangan adquerurtur”. El PIR (Partido por la Independencia de Rumelia o para entendernos, Rumelia kakuraknak) esa agrupación de buenos patriotas comandados por el marido de Cristina D’Armani, tiene a sueldo a una buena cantidad de historiadores, médicos y geógrafos empeñados en demostrar que, efectivamente, los mendeanos pertenecen a otra raza, y merecen por ello un trato de privilegio. Después de largos años de estudios subvencionados por la administración cantonal, se ha llegado a saber que los habitantes del Valle poseen un 1 % más de hematíes en sangre que sus compatriotas de otras regiones, lo cual es signo evidente de la diferencia abismal que existe entre unos y otros. Según el doctor Fernerdur, autor del estudio, esta sangre, además, sabe y huele mejor (y si no que se lo pregunten al Monstruo de Barglava). La misma duquesa de Miramar ha pagado la edición de varios libros divulgativos sobre las particularidades fisiológicas de sus paisanos, que son de lectura obligatoria en las escuelas, para evitar que las nuevas generaciones caigan en el error de desechar la idea de la raza, y en esa lacra que es el cosmopolitismo.